En una encuesta realizada por la Fundación de Religiosos para la Salud (FRS), en el marco de uno de los proyectos financiados por la Unión Europea para trabajar la igualdad de género y la prevención de la violencia de género en Guinea Ecuatorial, el 68% de la población encuestada respondió que estaba muy de acuerdo con la igualdad entre hombres y mujeres, 29% eran hombres y 39% mujeres.

En el Día Mundial de las ONG me gustaría reflexionar sobre esta cuestión, sobre el trabajo que se realiza desde estas entidades y los avances que se van logrando. Guinea Ecuatorial es un país africano con una arraigada cultura, donde la tradición, especialmente Bantú, y la modernidad conviven en un constante desencuentro. En Guinea se pueden encontrar valores tradicionales que han sido mantenidos por siglos, como la importancia de la familia y la comunidad, la dote, la poligamia y valores más modernos, como el reconocimiento de derechos humanos y la igualdad de género. El papel lo aguanta todo, pero iremos viendo cómo la realidad del día a día desafía esos postulados, que se debaten en el abaá o casa de la palabra, frente a la globalización aparecida con las redes sociales, que han transformado los modelos tradicionales.

Vamos a exponer algunas situaciones de la mujer en la vida cotidiana de Guinea Ecuatorial.

Las mujeres en Guinea Ecuatorial representan el 50% de la población, y según un estudio realizado por UNICEF, la pobreza afecta al 77,5% de ellas. Un estudio socioeconómico de la Situación de la Mujer en Guinea Ecuatorial publicado en 2012 por el Ministerio de Asuntos Sociales y Promoción de la Mujer, expone el triple rol que la mujer ecuatoguineana representa en la sociedad:

  • La figura de la mujer madre, que tradicionalmente debe proporcionar descendencia al marido para continuar la estirpe del linaje y garantizar la economía familiar.
  • La figura de la mujer trabajadora, que es la que aguanta la economía doméstica y familiar en la gran mayoría de los casos desde la economía informal
  • La figura de la mujer transmisora de valores, que se encarga de las labores de la casa, el cuidado y educación de los hijos y de transmitir los valores tradicionales de género de su cultura.

Esta visión tradicional de la mujer tan arraigada en Guinea Ecuatorial, hace difícil el camino hacia la igualdad entre hombres y mujeres, haciendo que cada decisión tenga que encajar en un complicado rompecabezas que no haga estallar la férrea estructura sociopolítica y económica del país.

Y es que a pesar de que todo el marco jurídico legal que existe en Guinea Ecuatorial garantiza la igualdad de derechos y lucha por el avance hacia la igualdad de mujeres y hombres, y la no violencia hacia las mujeres, la realidad, los datos y las decisiones del día a día muestran otra cosa, a pesar del camino recorrido y los logros avanzados.

En Guinea la lucha contra la desigualdad de género y la violencia contra la mujer se rige por la Ley fundamental y algunas ratificaciones internacionales a las que el país se ha sumado, medidas insuficientes ante tasas tan altas de violencia y desigualdad contra la mujer.

Existe un Proyecto de Ley Contra la Violencia de Género desde 2015 guardado en los cajones, que ha sido rechazado en varias ocasiones en las cámaras parlamentarias, a pesar de que sigue siendo necesario abordar el tema, teniendo en cuenta una pequeña muestra de los datos arrojados de la ESDGE – I /2011 (Encuesta Demográfica y de Salud), que revelaron que el 63% de las mujeres (de 15 a 49 años) habían sufrido violencia física perpetrada por una persona, ya sea su pareja actual o anterior. Además, el 32% había experimentado violencia sexual desde los 15 años, con una incidencia del 20% en mujeres divorciadas, 17% en mujeres casadas y 12% en solteras. La misma fuente señaló que el 17% de las mujeres sufrió violencia física durante el embarazo. El 65% de las mujeres casadas que reportaron violencia física, sexual o emocional identificaron al esposo o pareja más reciente como el agresor, y el 46% de las mujeres que sufrieron violencia física resultaron con lesiones corporales. A eso se le suma que aún muchas mujeres justifican la violencia, expresando “que si sus parejas no les pegan es porque no las quieren”.

A estos datos hay que añadir que las mujeres y niñas enfrentan discriminación sistemática en varios aspectos de la vida, como el acceso a la educación, o la expulsión de la misma si quedan embarazadas, oportunidades laborales y participación política. Las normas culturales profundamente arraigadas perpetúan la idea de que las mujeres son inferiores a los hombres, lo cual se refleja en la baja representación femenina en posiciones de liderazgo y en la toma de decisiones. Esta desigualdad estructural no solo limita las oportunidades para las mujeres, sino que también contribuye a la perpetuación de la violencia de género.

La desigualdad y la violencia de género en Guinea Ecuatorial están profundamente normalizadas, lo que representa un desafío significativo para cualquier esfuerzo de prevención y mitigación. La violencia doméstica, sexual y otras formas de violencia contra las mujeres a menudo no se denuncian debido al estigma social, el miedo a las represalias y la falta de confianza en los mecanismos de justicia, según lo expresado por varias mujeres a través de diferentes encuestas, grupos de discusión, etc.

Esta situación de desigualdad y violencia hacia las mujeres, se agrava en los grupos de mujeres no normalizados en los contextos culturales tradicionales, situación que ha sido denunciada por la ONU en los exámenes periódicos sobre derechos humanos que realiza. Esa situación daría para otro artículo, pero es necesario resaltar la situación de las mujeres lesbianas, que son excluidas de la sociedad, no considerándolas ciudadanas ni africanas.

A pesar de este escenario, se han realizado avances y hay varias organizaciones de la sociedad civil, ONG internacionales, como la propia FRS, Agencias de Naciones Unidas, y el Ministerio de Asuntos Sociales, Igualdad de Género y Artesanía (al ritmo que le permite su propio Gobierno y “obliga” la comunidad internacional), intentando paliar la situación implementando medidas que lleven a la mujer hacia un mayor empoderamiento y exigencia de sus derechos y a los hombres hacia un mayor respeto a la igualdad real entre ambos.

Desde la Fundación de Religiosos para la Salud con financiación de la Unión Europea, y con el apoyo del Ministerio de Asuntos Sociales e Igualdad de Género y Artesanía, la Asociación de Apoyo a la Mujer Africana (ASAMA), el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) y otras organizaciones de la sociedad civil e internacionales, se ha desarrollado medidas encaminadas a fortalecer las capacidades técnicas y políticas de responsables ministeriales y fortalecer por otro lado el conocimiento de los derechos de la población en general para avanzar hacia una sociedad más igualitaria.

Entre las acciones desarrolladas y a desarrollar para andar el camino de la igualdad entre hombres y mujeres en Guinea Ecuatorial, se han realizado protocolos de actuación, decálogos, y otros documentos para actuar en casos de violencia hacia la mujer, se han realizado formaciones al personal de Ministerio de Asuntos Sociales e Igualdad de Género, también al Ministerio de Educación y al profesorado, con la elaboración de materiales educativos para inculcar la prevención de la violencia de género y la igualdad entre hombres y mujeres desde las generaciones futuras, que serán las encargadas de tener comportamientos más responsables e igualitarios. Se han realizado actividades socioculturales, campañas de sensibilización, se ha trabajado el fortalecimiento de asociaciones de mujeres, se potenciará la formación de expertos en materia de igualdad y violencia y se construirán dos centros de acogida a mujeres en situación de violencia, algo totalmente pionero e innovador en Guinea Ecuatorial.

Si volvemos a la pregunta inicial: ¿es posible la igualdad de género en la sociedad tradicional de Guinea Ecuatorial?, la respuesta sigue siendo incierta como al inicio del post, pero al menos podemos decir que estamos andando el camino, trabajando en varios frentes: político, social, educativo, preventivo, de sensibilización y de provisión de recursos asistenciales.

Parafraseando alguna expresión del ex presidente de Uruguay, Pepe Mújica, sobre las utopías, quizá no es tan importante conseguirlas, como iniciar el recorrido hacia ellas, solo así se logran avances y en ese camino hacia la igualdad nos encontramos, haciendo pequeñas conquistas y renovando pensamientos.

Miguel Ángel Cortés Barrantes
Coordinador de FRS en Guinea Ecuatorial