Recuerdo como si fuera hoy la primera vez que vi los ojos de mi hijo.Los sentimientos afloraban en mí, siempre había escuchado a padres y madres contar lo maravilloso que había sido ese momento para ellos, quizá el instante más feliz de sus vidas. En mi caso iba a ser el momento más confuso, intenso y vital que jamás había vivido.

Mi corazón latía con fuerza, la cabecita de mi hijo asomaba rompiendo la barrera entre la calma del vientre sereno y el ruido de esta vida compleja. Jan giraba danzando entre las manos del doctor y salía desafiando la gravedad, seguro, ligero, vulnerable y constante.

Entonces vi sus ojos… sentí que algo no iba bien.

Meses después nos confirmaron que nuestro hijo tenía síndrome de Down.

Cuando me enteré que iba a ser padre, meses atrás, sentí un fuerte contacto con la tierra madre, un enganche vital con la vida, quizá gracias a encontrarme con uno de los sentimientos más profundos y bellos que creo que existen y que por aquel entonces desconocía.

Pero cuando me tuve que enfrentar a la realidad del síndrome de Down, todo se tambaleó. Mi corazón me decía una cosa y mi cabeza otra… así que tuve que transitar por ese extraño dolor.

Usé Internet para dar forma a mis sentimientos, a mis miedos, a mis sombras… y comencé a escribir un blog: lahistoriadejan.com. El compartir mi experiencia con el mundo hizo que el camino fuera mucho más fácil.

Jan era la cosa más bonita que jamás había visto, sus movimientos eran perfectos, sus ojos eran hermosos… todo él era puro amor. Mónica y yo nos fundimos con él, haciendo un triángulo perfecto.

Jan me ha enseñado muchísimas cosas durante estos siete años, he aprendido mucho de él… me ha cambiado la vida y he visto cómo ha cambiado la de los demás.

Por eso decidí hacer la película: “La historia de Jan”, por eso armé ese puzzle vital usando retazos de nuestras vidas, grabando durante seis intensos y bellos años.

Ahora estoy feliz y agradecido por haber podido hacer esta película, por sentir que sigue alcanzando a la gente y sigue llenando los corazones de eso qué tanto creo que hace falta en esta sociedad: el sentido del amor.

Bernardo Moll
Ponente del XIV Congreso de Escuelas Católicas “Emociona. Comunicación y Educación”

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