He aquí un tema tan controvertido que apenas se aborda. En principio, nadie pone en duda que la coordinación familia-colegio es un pilar fundamental sobre el que deberían asentarse ambas instituciones. Las dos reconocen que se obtienen mejores resultados si los padres educan a sus hijos basándose en objetivos comunes, coordinados con la institución escolar, y reconocen el fallo que supone que las propuestas y esfuerzos educativos de padres y profesores no coincidan. Pero a la hora de la verdad, no es la cooperación sino la queja mutua lo que impera en la relación escuela-familia. 

Es muy frecuente culpabilizar a los padres del mal comportamiento de sus hijos: “No son responsables, son desordenados, pierden todo, no hacen los deberes, no atienden en clase, faltan el respeto a los profesores, molestan a sus compañeros…”.

La queja de la escuela tiene su fundamento. Indudablemente, la sociedad es muy permisiva. El rechazo al sistema autoritario dominante en etapas anteriores ha inducido a muchos padres a situarse en el polo opuesto, volviéndose sobreprotectores: asumen responsabilidades que corresponden a sus hijos, les permiten actuar con una gran condescendencia, no establecen límites… y, cuando la situación les sobrepasa, añaden una dosis de autoritarismo. En lugar de enseñarles a adquirir y fortalecer los valores socio-emocionales: autoestima, esfuerzo, respeto, solidaridad… les encaminan hacia la dependencia, el consumismo, la desidia, la intolerancia… No son conscientes de la repercusión que conlleva su forma de educar en el desarrollo socio-emocional de sus hijos que, sin límites y sintiéndose agredidos de vez en cuando, actúan sin control, sin disciplina.

Quejarse y culpabilizar no facilita que se provoquen cambios. Tendremos que actuar de otra manera para que la situación revierta en beneficio de los alumnos/hijos, de sus familias y del profesorado. Habría que sustituir la crítica negativa de una institución a otra y la queja constante por facilitar a los padres la formación que les permita afrontar la educación de sus hijos con seguridad y firmeza. Es cierto, hay padres que no colaboran, pero cada vez son muchos más los que desean saber cómo ayudar a sus hijos a crecer autónomos, responsables, respetuosos y solidarios.

Los padres necesitan que la escuela les asesore para mantener una buena comunicación con sus hijos, permitiéndoles ser esa guía eficaz que trasmite seguridad. Necesitan orientación no solo para saber qué deben hacer sino sobre todo cómo actuar para ayudar a sus hijos a crecer seguros y solidarios mientras afrontan los retos propios de cada etapa: infancia, niñez y adolescencia. Necesitan saber cómo ayudarles a responsabilizarse de las tareas personales y familiares que forman parte de la vida diaria, cómo guiarles en sus estudios, la manera de ayudarles a llenar su tiempo libre, cómo afrontar su relación con los demás…

Tutorías

Pero para que la colaboración colegio-familia sea verdaderamente eficaz, la escuela debería constituirse en el modelo de la educación que solicita a los padres. Tendrá, por lo tanto, que educar a sus alumnos de tal manera que les habilite para afrontar, con responsabilidad y solidaridad, cualquier situación que forme parte de su vida tanto dentro como fuera de la institución escolar. Esto supone abarcar no solo las competencias cognitivas sino también las socio-emocionales educando para la vida; sobre todo, teniendo en cuenta que en la escuela se llevan a cabo actividades similares a las familiares, como son las relacionadas con higiene, alimentación y orden, que necesitan saber organizarse, conocer y controlar sus emociones, respetar las normas de  comportamiento, ser colaboradores, saber compartir, resolver sus conflictos dialogando…

Familia y escuela: educación complementaria

Como acabamos de decir, ayudar a niños y adolescentes a adquirir autoestima, ser responsables y asumir compromisos solidarios no es una tarea únicamente de los padres. Supone una tarea de colaboración en la que tienen un papel primordial tanto el colegio como la familia, pero es al colegio a quien corresponde, por una parte, dedicar un tiempo semanal a la educación para la vida de sus alumnos, y por otra, asesorar a los padres sobre cómo llevar a cabo la educación que sus hijos necesitan en casa. Al no hacerlo así, muchos alumnos se ven privados de la educación que necesitan para desarrollar su potencial debido a que sus familias desconocen, por diferentes motivos, la mejor forma de educarles.

Es una gran responsabilidad para la escuela, que tiene a su favor su enorme poder: puede perpetuar los fallos familiares si se limita a quejarse del mal comportamiento de sus alumnos, culpabilizando tanto a estos como a sus padres, o  puede ayudar a superarlos si tiene presente la necesidad de fortalecer la autoestima y solidaridad del alumnado. No se trata de sustituir a la familia, sino de ejercer el papel complementario que conlleva la educación en valores y para la vida que muchos magníficos educadores están llevando a cabo.

Escuelas de padres/madres

Las escuelas de padres son una oportunidad de colaboración familiar. Se trata de facilitar la tarea de los padres, no de complicársela. En muy pocas sesiones se les puede orientar para saber cómo abordar la educación de sus hijos a lo largo de la infancia, niñez y adolescencia. Es importante que en cada sesión los padres descubran maneras concretas para actuar con sus hijos en las diferentes situaciones que forman parte de la vida familiar.

Una escuela de padres debe impulsar la educación en valores, personales y de convivencia, exactamente igual que se debería impulsar en los colegios para que los niños y adolescentes adquieran los hábitos de autonomía que les encaminan a saber organizar su vida, ser responsables, desarrollar su capacidad de atención, esfuerzo y disciplina… La diferencia con la institución escolar es que a los padres se les orientará sobre la manera de impulsarla a través de las actividades que desarrollan sus hijos en casa: hábitos de higiene, alimentación, sueño, orden… hábito de estudio, tiempo libre en el ámbito familiar…

También es fundamental, en una escuela de padres, exactamente igual que se debe hacer en la tutoría semanal en la institución escolar, enseñar a convivir en armonía y a resolver las situaciones conflictivas dialogando. Se deberá asesorar a los padres sobre cómo ayudar a sus hijos a adquirir las habilidades sociales superando audacias y temores, a dialogar expresando sus sentimientos y escuchando con empatía, a llegar a acuerdos sabiendo ceder… Se trata de enseñarles a hacerse respetar y a respetar a todos.

Y algo importantísimo, es enseñar a los padres el tipo de actitud que deberá imperar en casa igual que en el colegio. Todos deberíamos esforzarnos por ser personas con autoridad, no autoritarias ni sobre protectoras. Me refiero a ser personas que guían, enseñan, respetan y ofrecen la oportunidad de crecer; no personas autoritarias que se quejan, castigan, critican, descalifican y comparan, o personas permisivas que consienten una vida sin esfuerzo, sin asumir responsabilidades, siendo consumistas e insolidarios.

Asesorar a las familias es una tarea ardua, pero llega a ser verdaderamente gratificante cuando poco a poco se van obteniendo los resultados deseados.

Recuerda

  • La coordinación colegio-familia es un pilar fundamental para lograr que la educación socio-emocional y en valores sea una realidad.
  • La escuela tiene un enorme poder: puede perpetuar los errores familiares si se limita a quejarse del mal comportamiento de sus alumnos, culpabilizando tanto a estos como a sus padres, o puede ayudar a enmendarlos si fortalece la autoestima y solidaridad del alumnado. No se trata de sustituir a la familia, sino de ejercer el papel reparador que conlleva la educación en valores y para la vida.
  • La escuela tiene un papel fundamental como orientadora de todos aquellos padres que desean aprender. Muchas familias anhelan saber cómo ayudar a sus hijos a crecer autónomos, responsables, respetuosos y solidarios.
  • La escuela tiene una misión primordial, destinada a la educación socio-emocional y en valores de sus alumnos a través de las tutorías, y otra reservada a los padres proporcionándoles la orientación que necesitan para afrontar la educación de sus hijos, con seguridad y firmeza.

Los objetivos básicos de una escuela de padres son:

  • Facilitar la tarea de los padres, ofreciéndoles maneras concretas de afrontar las situaciones cotidianas.
  • Ayudar a los hijos a superar los retos de cada etapa y adquirir hábitos de autonomía.
  • Impulsar la educación en valores, personales y de convivencia, a través de las actividades de colaboración familiar, de estudio y de tiempo libre.
  • Enseñar habilidades sociales, a convivir en armonía y a resolver las situaciones conflictivas.
  • Ser personas con autoridad, no autoritarias ni sobre protectoras.

¡Merece la pena educar para la vida y la convivencia desde la familia y la escuela. Os animo a lograrlo a través de las tutorías y las escuelas de padres!

 

Maite Vallet
Pedagoga, formadora, asesora educativa
Autora de la “Colección Atrévete”: Infancia, Niñez, Adolescencia
Teach&Team
http://www.teachandteam.com

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