Somos 7.210 millones de personas en el planeta. De estas, 3.010 somos usuarios activos de Internet. Y 2.078 millones usuarios activos de una red social. Son datos que ofrece wearesocial.org. Es decir, el 89% de los internautas está en una red social. El ser humano es un ser relacional, ¿acaso no es relación la Trinidad y no somos imagen y semejanza de Dios? Como afirma Gustavo Entrala, CEO de la Agencia 101, el deseo de contacto con otras personas, la gratificación rápida, el reconocimiento personal, el sentirse activo, etc. son algunos de los motivos por los que el ser humano es proclive a las redes sociales. 

Internet es un lugar en el que podemos encontrarnos para compartir, opinar, charlar, del mismo modo que se viene haciendo desde hace mucho tiempo en las plazas públicas, en las cafeterías, los clubs, etc. El mismo papa Benedicto XVI lo llamó el “Continente Digital”, un lugar también para evangelizar. Lo afirma asimismo el jesuita, director de la Civiltà Cattolica, Antonio Spadaro (2014) y el columnista del The Guardian y profesor de la universidad de New York, Jeff Jarvis (2016).

Internet nos permite traspasar las fronteras. Si en 1967, Stanley Milgram demostró que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces), imaginemos la facilidad que nos ofrece Internet para conectar con la gente. Aunque Ducan Watts (2002) llegó a la misma conclusión que Milgram con el correo electrónico, es muy probable que con las redes sociales sean necesarios muchos menos intermediarios para conectar con cualquier persona del planeta.

Internet nos permite influir en otros. James Fowler y Nicholas Christakis (2010) han demostrado que en la redes sociales reales (no digitales) el grado de influencia alcanza sólo tres grados de distancia: a nuestro amigos (grado 1), a los amigos de nuestros amigos (grado 2) y a los amigos de los amigos de nuestros amigos (grado 3); y a partir del cuarto grado comienzan a disiparse los efectos. Pero podemos pensar que el contagio se multiplica aún más a través de las redes sociales digitales.

Es decir, Internet es un lugar de encuentro en el que podemos conectar con un alcance mucho mayor que en el de la vida real, y en el que el contagio de ideas, emociones y acciones se multiplica también mucho más. Una calles digitales que el papa Francisco nos invita a llenar de Evangelio comunicando con misericordia.

Pero ¿cómo se comunica con misericordia en las redes sociales? Nos lo explica el papa Francisco en su mensaje para la 50 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. De ella he extraído un decálogo que nos permita tener más presente sus consejos:

  1. INCLUSIÓN: “La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad”.
  2. SANACIÓN: “Quisiera, por tanto, invitar a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades”.
  3. DENUNCIA: “Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído”.
  4. CORAZÓN: “En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos”.
  5. ACOGIDA: “Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones”.
  6. ESCUCHA: “Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía”.
  7. ENCUENTRO: “La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad”.
  8. CERCANÍA: “En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad”.
  9. HUMILDAD: “Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho”.
  10. SERVICIO: “poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común”.

El papa dedica un largo párrafo expresamente a la comunicación digital.

“También los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral. Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae vultus, 23). También en red se construye una verdadera ciudadanía. El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común” (Papa Francisco). 

Por tanto, comunicar con misericordia en las redes sociales consiste más en un testimonio con la actitud que en un bombardeo de mensajes religiosos. Esto ya nos lo recordaba Monseñor Claudio María Celli cuando era prefecto de la Sagrada Congregación para las Comunicaciones Sociales: “Los católicos no deben bombardear la web de mensajes religiosos sino dar testimonio” (17 de marzo 2015). Esta es una idea que ya el papa Pablo VI subrayaba en la Evangelii Nuntiandi “la Iglesia comunica por atracción y no por propaganda religiosa”. Atracción significa que los otros comprenden el mensaje a través de nuestro testimonio. Esta es la fuerza primaria de la comunicación en la Iglesia. Así pues, para comunicar con misericordia, es indispensable tener experiencia de la misma. Será imposible mostrarnos humildes si no vivimos la humildad, denunciar si no sentimos como propias las injusticias que sufren los otros, o sanar relaciones dañadas, mientras vivimos con un corazón enfermo por el rencor o la amargura.

Finalmente, el papa Francisco nos invita a “no tener miedo de entrar en las redes sociales”. No por inconsciencia de los riesgos o peligros que acarrean, sino porque nos encontramos ante una realidad que no tiene vuelta atrás. Monseñor Celli decía que se trata de aceptar el reto que supone la tecnología, aceptar el reto de estar presente en el continente digital y conseguir que también en este continente resuene la buena noticia del Evangelio.

Xiskya Valladares
@xiskya

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