Nadie vio nada. Es cierto. Ante las creencias y prejuicios, nuestros ojos se han quedado ciegos. Son tantos los mitos culturales que inundan los medios y lo cotidiano, lo que consumimos, que entre planes, protocolos y firmas por la “Tolerancia cero” al acoso escolar, la realidad descansa escondida ante nuestra rutinaria mirada.

Sucede en todas partes, cosas de niños, son bromas entre amigos, (…), esto es de toda la vida…”  o tal vez en algún momento de café, en alguna sala de profesores o al salir del colegio, entre familias, hayamos escuchado “pero cómo se va a prevenir ‘esto’, quién se lo iba a imaginar, fue un impulso, alguna enfermedad tendría”. Duro. Duro es saber que, cuando pensamos o creemos así, nuestros ojos, mente y corazón no ven lo que sucede. Pero más doloroso es que suceda.

Es nuestra obligación como educadores ser conscientes de cómo nos comunicamos, pensamos y actuamos; para reeducarnos y educar; para actuar cada día con la clarividencia de las decisiones pedagógicas que se ponen en marcha, desde el matiz y el detalle.

Y, por encima de todo, acoger. Acoger a todas las partes implicadas desde la responsabilidad que supone comprender, proteger y acompañar a niños, familias y compañeros. Desde la empatía y la honestidad, con el ejemplo, “sentimos mucho por lo que están pudiendo pasar porque nuestra máxima preocupación son los alumnos y entre ellos su hijo. Estamos muy agradecidos por su confianza en nosotros y vamos a prestar la máxima atención a su situación en la búsqueda de su bienestar y seguridad”.

Tantas veces como sea necesario. Educar no es ponerse a la defensiva o cuestionar a las familias o al niño; no es interrogar a ninguna de las partes implicadas; no es mirar para otro lado confiando que pasará; no es pensar que eso con las niñas no acontece, o que una “colleja o patada” es un juego. Las patadas al balón. Educar es abrir la mente hacía el respeto, la tolerancia y el enriquecimiento de mano del otro. Es mirar y ver, acompañar y reestructurar. De forma constante.

Escojamos un día y una hora. Hoy. Nuestro equipo y un lugar. Y comencemos a valorar, con líneas de actuación y medidas de a pié, cómo estamos en cada uno de estos indicadores y, más importante aún, cómo queremos estar:

1.- La educación en habilidades para la vida y la adquisición de competencias socioemocionales (autonomía, asertividad, responsabilidad, empatía, capacidad de prevención y solución de conflictos, espíritu de equipo, altruismo, etc.) desde edades tempranas.

2.- La observación, el registro y el seguimiento de los programas de prevención e intervención.

3.- La atención y resolución de la situación de crisis bajo la premisa de la protección al menor o menores, así como el cuidado a toda la comunidad educativa.

Actúa. Porque entre todos tenemos el deber de no ignorar lo que ocurre. Y el peor de los “incendios” es aquel en el que puede haber víctimas.

Gracias al momento vital en el que se encuentra la educación, tenemos a nuestro alcance sólidas estrategias y herramientas, para prevenir o intervenir, para acompañar emocional y pedagógicamente. Disponemos de un elenco de posibilidades innumerables que nos ofrecen las administraciones, los gobiernos, el Ministerio de Educación, entidades como UNICEF, o el Observatorio español del racismo y la xenofobia  http://bit.ly/1QISpkk  Y próximamente Escuelas Católicas, publicará una Guía con la que esperamos contribuir a esta fundamental labor #Abramoslosojos. La educación contiene “el tesoro”.

@loligarciaXXI

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